Exactamente 70 años atrás, en Louisville, estado de Kentucky, Estados Unidos, nacía una leyenda. Nacía Cassius Clay. Su nombre, lejos de ser una casualidad, marcaría a fuego la vida de quien, con los guantes puestos -aunque con otro nombre en la segunda parte de su carrera-, se encargó de escribir una de las más grandes historias del boxeo y del deporte mundial mismo. El nombre de ese bebé que por entonces veía la luz era un homenaje al aristócrata homónimo que en el siglo XIX llegó a gobernar el estado de Alabama y que luchó incansablemente por la abolición de la esclavitud, siendo hijo de uno de los más importantes dueños de esclavos del estado de Kentucky. Con el tiempo, sabría honrar esa historia.
Su primer gran logro fue la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, en la categoría de los semi-pesados, Cassius Clay regresó a su ciudad con el claro objetivo de convertirse en profesional y automática mente empezó a llamar la atención. Además de por su poco ortodoxo estilo a la hora de subir al ring, este púgil que crecía a pasos agigantados se ocupaba de autopromocionarse. Su ego, ya por ese entonces, era tan grande como terminaría siendo su figura. El Primer Titulo
En 1964, cuando nadie confiaba en su victoria, Clay dio cuenta de Sonny Liston, el campeón de los pesados reinante. El arrogante boxeador, al que ya para ese entonces se lo podía ver junto al activista Malcolm X, luego de esa pelea tenía algo muy importante por comunicar. Cassius Clay se moría, y el que nacía, ya campeón del mundo y con 22 años, era Muhammad Ali. El cambio de nombre, según revelaba el mismo boxeador, se debía a un cambio de fe. Clay se iba con el cristianismo, mientras que el Alí que surgía profesaba la religión musulmana. A Liston volvió a vencerlo en la revancha, en la que lo noqueó en el primer round con un golpe que la prensa bautizó “la mano fantasma” por su espectacularidad. “¡Me he enfrentado al campeón y no tengo una sola marca en la cara! ¡Soy guapo, soy rápido, nadie puede ganarme!”, festejaba y se llenaba la boca el rey de los pesados.
Después de eso vino un puñado de defensas, hasta que, en 1967, Ali fue juzgado y condenado por un jurado integrado por hombres de raza blanca a cinco años de prisión por haberse negado por razones de conciencia a combatir en la guerra de Vietnam. Además de retirársele el pasaporte, tuvo que pagar 10 mil dólares y cumplir tres años y medio sin poder subirse a un ring. El patriotismo era un rival al que no podía vencer sobre un ring. La rivalidad con Joe Frazier
En la primera de sus famosas peleas, tras 15 duros asaltos, Joe Frazier dio cuenta de Ali por puntos en decisión unánime en el Madison Square Garden de Nueva York, donde figuras del jet-set de la talla de Frank Sinatra, Barbra Streissand, Bill Cosby, Hugh Hefner y Dustin Hoffmann se dieron cita. El derrotado había prometido noquear a Frazier en el sexto asalto, pero no pudo. Tras aquella derrota en marzo de 1971 en “La pelea del siglo”, tal como había sido promocionada, Ali desdramatizaba lo sucedido: “Sólo perdí una pelea. Eso es todo. Las noticias no duran mucho tiempo. Un avión se estrella, 90 personas mueren, un día después ya no es noticia. Mi derrota no es tan importante como la muerte de 90 personas”.
En 1974, nuevamente en el epicentro del boxeo neoyorquino, Ali superó a Frazier en fallo unánime tras 15 cerrados y violentos asaltos.
El primero de octubre de 1975 en Manila, capital de Filipinas –en pleno régimen autoritario de Ferdinando Marcos-, Ali tuvo su gran revancha ante Frazier, aquel boxeador aplaudido por ir siempre al frente. Ali volvió a la cima al vencer a su clásico oponente con un nocaut técnico en el 14° round, cuando él mismo estaba a segundos de abandonar. De aquella histórica rivalidad trascendieron algunas de las frases con las que el ganador del duelo, aparte de con sus puños, golpeaba a Frazier. “Tío Tom, "gorila" y demasiado feo para ser campeón mundial de los pesos pesados", son sólo algunas de las palabras que Ali le profería.
Ali vs Foreman
Foreman, dueño de una pegada demoledora, representaba para Ali un durísimo escollo en su retorno a los primeros planos. Su fantástico récord de 40 victorias en igual cantidad de presentaciones, con 38 nocauts, amedrentaba a cualquiera.
Recientemente independizado de Bélgica, Zaire fue el escenario escogido -para alegría de Alí, que desde siempre había deseado pelear en Africa- para tamaña contienda, de la que el dictador Mobutu intentó obtener rédito político. Allí, el nacido en Kentucky fue apoyado prácticamente por la totalidad de la población, que aplaudía los motivos por los que Ali estuvo preso: la defensa de la población negra y la deserción a la guerra de Vietnam.
En los primeros cinco rounds de la pelea, Ali soportó el terrible castigo del entonces campeón mundial. Pero superado ese momento, Foreman empezó a cansarse y la sensación de que no iba a tirar a la lona a su retador pareció abrumarlo. Con la confianza en alza después de conectar su primera buena mano sobre el final del quinto asalto, el rendimiento de Ali siguió creciendo y así es que en el octavo, con un cross, después de dos latigazos y de que la toalla volara, la gloria era nuevamente de Muhammad Ali. Con los guantes puestos y los puños cerrados, la historia del boxeo volvía a escribirla un gran campeón, tal vez el más grande de todos los tiempos.
El ultimo round
En 1979, con 37 años, Ali anunció su retiro, pero el fuego interno pudo más, y un año luego retó al entonces campeón mundial de los pesados, Larry Holmes, con quien perdió estrepitosamente por nocaut. En 1981, en lo que fue oficial mente su último combate, el de Kentucky volvió a caer, aunque por puntos y contra Trevor Berbick.
En 1984, Muhammad Ali recibió, tal vez, uno de los golpes más duros de su carrera, cuando los médicos le diagnosticaron Mal de Parkinson. Un síndrome que entre otras cosas genera rigidez muscular y lentitud en el habla afectaba, paradójicamente, a alguien tan veloz para mover su cuerpo como su filosa lengua.
En 1996, Estados Unidos aplaudió de pie al mismo que muchos repudiaron cuando no quiso ir a la guerra: Ali encendió el pebetero en el inicio de los Juegos Olímpicos de Atlanta, 36 años después de que en Roma se alzara con la presea dorada.
Ya en 2012, época en la que contados boxeadores siquiera asoman a escribir algún capítulo de una historia digna de ser recordada, Muhammad Ali cumple 70 años. Esta estrella que registró un récord de 61 combates, 56 victorias -37 nocauts- y sólo 5 derrotas, más alta de lo que alguna vez fueron sus 192 centímetros, no sólo que no se apaga, sino que, a fuerza de todo lo que hizo arriba y abajo del ring, perdura y perdurará en el inconsciente colectivo por muchos años más de los que en este 17 de enero festeja. Su estilo, el de “flotar como una mariposa y picar como una avispa”, como él mismo Ali se ocupó de definir, seguirá presente por muchos años más. Las frases célebres del ex campeón
Las siguientes son algunas de las frases más destacadas que enarboló durante su carrera y su vida el boxeador Muhammad Alí, quien hoy cumplirá 70 años y está considerado como uno de los deportistas más grandes de toda la historia.
1 “Cuando eres tan grandioso como yo, es difícil ser humilde”.
2 “Los campeones no se hacen en gimnasios. Están hechos de algo inmaterial que está muy dentro de ellos. Es un sueño, un deseo, una visión”.
3 “Una persona que ve la vida a los 50 años igual a los 20, ha desperdiciado 30 años de vida”.
4 “Soy un sabio del boxeo, un científico del boxeo. Soy un maestro del baile, un verdadero artista del ring”.
5 “Soy tan rápido que cuando apagó la luz me meto en la cama antes de que todo el cuarto esté a oscuras”.
6 “Soy musulmán, soy boxeador, un hombre que busca la verdad. No estaría representando al Islam si fuese un terrorista. Todo el mundo debe conocer la verdad: Islam es paz”.
7 “Ríos, lagos, lagunas y arroyos, todos tienen nombres diferentes pero todos contienen agua. Así son las religiones: todas contienen verdades”.
8 “No cuentes los días, haz que los días cuenten”.
9 “Dios me está haciendo ver que soy un hombre como cualquiera. Y te lo está haciendo ver a ti, también. Puedes aprender de lo que me sucede”.
10 “Soy América. Soy la parte que ustedes no reconocen, pero acostúmbrense a mí. Negro, seguro de mí mismo. Engreido, es mi nombre, no el de ustedes; mi religión, no la de ustedes”.
11 “Cassius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí, no lo quería. Yo soy Muhammad Alí, un hombre libre”.
12 “Yo soy negro, ¿qué me puede ocurrir? Si temo ir a prisión? Cómo voy a temer si hace 400 años que la gente de mi raza no es libre?
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